Raphael-Doko-Triet-Dojo-Zen-Vitoria-Gast

ZAZEN

"Cuando el espíritu no se detiene en nada, aparece el verdadero espíritu." Sutra del diamante

Para practicar zazen, la meditación zen, siéntate en el centro de un zafu (cojín redondo y grueso), mantente bien erguido, bascula la pelvis hacia delante a partir de la quinta vértebra lumbar y estira la columna vertebral.

 

Cruza las piernas en la postura del loto o del medio loto de forma que las rodillas estén enraizadas en el suelo.  Empuja el cielo con la cabeza, pon las rodillas en contacto con la tierra. Según tu estado de salud también puedes sentarte en otras posturas:  birmana (cruzando las piernas con las rodillas en el suelo), seiza (de rodillas) o en una silla si ninguna es posible.

 

La mano izquierda descansa sobre la palma de la mano derecha, los dedos sobre los dedos, y los pulgares se unen en la prolongación uno de otro con una ligera presión. El canto de ambas manos está en contacto con el bajo vientre. La barbilla recogida, la nuca estirada, la nariz en la vertical del ombligo, los hombros caen naturalmente. La boca está cerrada, la punta de la lengua apoyada en el paladar y la mandíbula relajada. Los ojos entreabiertos, la mirada relajada, posada delante de uno mismo en el suelo.

 

Poco a poco, la respiración se vuelve  tranquila, larga, profunda. Al principio se puede llevar la atención a la espiración ejerciendo una ligera presión desde el vientre hacia abajo. La inspiración llega naturalmente, sin esfuerzo. Luego se trata simplemente de observar la respiración tal y como es, sin modificarla: estando ahí plenamente presente.

 

En esta postura, al poner la atención en  una justa tensión muscular y en la respiración, el flujo de pensamientos queda interrumpido. Cuanto más practicamos zazen, más comprendemos, a través de las fibras de nuestro cuerpo que estos pensamientos carecen de sustancia real, que van y vienen. Entonces podemos descubrir que existe una conciencia intuitiva, original y universal, radicalmente diferente de la conciencia habitual del yo. Si mantienes la postura justa y dejas que se instale una respiración profunda y apacible, la mente se amplía y se vuelve apacible.

 

El funcionamiento del cerebro se aclara naturalmente. No es un estado de conciencia particular, sino la vuelta a la condición normal de la mente. Abandonamos el modo de pensamiento dualista del ego y se hace realidad la unidad original con todas las existencias.

 

La conciencia intuitiva, hishiryo, pensar sin pensar por medio de la voluntad, aparece naturalmente gracias a la concentración en la postura y en la respiración.